Paella con Guaraná


Segunda-feira, Fevereiro 27, 2006

Muchas cosas en mi casa tienen nombre.

Hace ya tres años y pico que llegué. Mis primeros tiempos aquí no fueron ni de lejos tan difíciles como los de muchas otras personas que conozco. Tardé un poco en encontrar trabajo pero no tuve problemas de papeles, ni me faltó un techo y hubo gente que me (nos) recibió con los brazos abiertos. Fue sobre todo un grupo de brasileños que ya eran veteranos aquí y muchos de lo cuales ya han regresado a Brasil, los que nos dieron los mejores consejos y nos pasaron cosas que ellos ya no necesitaban. Bien las heredamos, bien nos las vendieron por un precio bajísimo. Y todo eso, tanto los consejos como las cosas, fueron de gran ayuda.

Las cosas de mi casa, por lo tanto, tienen nombre. Tanto las regaladas como las compradas. Están los vasos de Bia, el diccionario de Sandu, los guantes de Flavia, la mesa de Edmilson y muchas otras. Los consejos casi siempre eran de Patricia. Ahora la situación ha cambiado un poco. La casa en la que vivo ya no está casi vacía. Además de lo que recibí de otra gente, empiezan a acumularse los muebles de Ikea, los papeles de la universidad, la ropa que me compro en Simons. Durante mucho tiempo viví con lo necesario pero ya empiezo de nuevo a tener más de lo que necesito.

Esta semana llegaron dos nuevas. Anoche durmieron en casa. Han alquilado un piso y no tienen ni una cama. Entre la lista de compras para el día siguiente mencionaron un teléfono y da la casualidad de que yo tengo uno que ya no utilizo. Se lo ofrecí. Esta mañana me he encontrado una nota en mi ordenador. Parece que habían pasado unos días difíciles en Montreal y dieron las gracias por la hospitalidad y el teléfono. Al leer esas líneas me he dado cuenta de cómo ya no soy nueva. He pasado a la fase dos. Ya tengo consejos para dar en esta ciudad, a pesar de todavía seguir necesitándolos en algunos aspectos. Y ya doy, no sólo recibo. Escribieron también que esperaban poder devolver el favor. Y yo estoy segura de que lo van a hacer algún día, aunque quizá no sea conmigo. Y lo mismo que yo pienso a veces que estoy tomando mi café en el vaso de Bia quizá ellas digan alguna vez que está sonando el teléfono de P.




Quarta-feira, Fevereiro 22, 2006

Quien busca lo que no debe...

Esta semana, al igual que todas las semanas desde que volví en enero, estoy lee que te lee para mi tesis. De aquí a unos días tendré que entregar una bibliografía anotada de todos los artículos más relevantes. El tema me interesa y creo que ya empiezo a dominarlo un poquito pero a la hora de resumir un artículo de 30 páginas en dos párrafos, crítica incluída, me siento bastante insegura, la verdad.

Empezar, empecé bien. Artículo número 1, superado. De repente me acuerdo de "santo Google" y me digo que a lo mejor alguien ya ha hablado sobre ese artículo antes que yo y que no pasa nada por ser una persona informada, que total no estoy copiando, mi parte ya está hecha. Encuentro un resumen y una crítica. Estoy que me salgo de contenta. Y leo. Y bueno, no coincidimos en nada ninguno de los tres. Así que ahora ya no estoy insegura, estoy confusa. El del resumen parece poco de fiar, ni siquiera pone bien el número de participantes del estudio (¿o será que yo me perdí algo?). La de la crítica es muy, pero que muy amable y da por sentado resultados que, tras mucho analizar y mirar números porque mi directora de tesis no hace más que repetirme que es lo que tengo que hacer, no parecen estar respaldados por nada. Ahora es cuando entiendo el por qué mis amigas de COU me decían que me pillara la optativa de estadística en vez de griego clásico.

Si ya me lo decía mi madre, que quien busca lo que no debe, encuentra lo que no quiere. ¿Quién me mandaría a mí? Mi vida no es complicada, no señor. Me la complico yo solita. Inspirar, expirar, inspirar, expirar... Bueno, a por el artículo número 2 y a ver si he aprendido la lección. Yo, a lo mío.




Segunda-feira, Fevereiro 20, 2006

¿Momento místico? ¿Señal divina? ¿Pura coincidencia? ¿Paranoia mía?

Ayer tuve un momento de esos en los que uno cree estar recibiendo un mensaje. No sé muy bien de quién ni para qué. Pero cierta escena que vi en el metro se me quedó en la cabeza y como estoy leyendo un libro de Paulo Coelho, pues estoy intentando darle significado.

Estaba justo leyendo un párrafo sobre eso, sobre descubrir el signficado de las cosas. En el libro decía algo así:

Todo lo que está escrito en mis libros forma parte de mi alma, lecciones que aprendí a lo largo de mi vida y que intento aplicarme a mí mismo. ... Muestran algo que ya sabía pero de lo que no tenía consciencia.
El libro - y podemos estar hablando de cualquier cosa, como una película, una canción, un jardín, una montaña - revela algo. Revelar significa: quitar y volver a poner un velo.

Poco después de leer esas líneas, y aún esperando el metro, un indigente que estaba revolviendo en la basura empieza a hablar en alto. Gritaba, murmuraba y después volvía a gritar. Gesticulaba como si estuviera dando un discurso para todos los que estábamos allí. Esto es lo que entendí yo...

Bla, bla, bla. ¿De qué tienes miedo? Bla, bla, bla. Ven y preséntate. Hay que presentarse. Bla, bla, bla.

Poco después se cambió de andén, empezó a revolver en otra papelera y repitió la escena. Hasta diría que repitió las mismas palabras. Pero yo sólo conseguí entender lo mismo que entendí la primera vez y no sé si fue por mi nivel de francés, porque el hombre subía y bajaba la voz o por qué. El caso es que monté en el metro como si hubiera recibido un mensaje a medias y sin saber muy bien a qué venía. Reconozco que estaba sugestionada por la lectura. Siempre que leo a Coelho empiezo a interpretar señales por todas partes (jajajajajajaja).

Bueno, pues esa fue mi paranoia de domingo por la tarde. Hoy ya es lunes y seguro que si me pongo a hacer todas las cosas que tengo que hacer me olvidaré del mendigo, de su pregunta, del libro, del metro. Venga, a trabajar se ha dicho.






Terça-feira, Fevereiro 14, 2006

La isla romántica.




Montreal es una isla bien romántica. Más que nada lo digo porque, al menos como yo la veo, tiene forma de corazón. Hoy sería un día perfecto para aprovechar este filón y sacar un post. Lástima que, como todos los martes, ando justita de tiempo. El caso es que el hecho de que Montreal fuera una isla fue un gran choque para mí. Normalmente, antes de un viaje, saco mi mapa y sitúo el lugar que voy a visitar. Con Montreal, nunca lo hice. Así que oía a la gente hablar de la isla, de la isla y yo no entendía nada. Sólo pasado algún tiempo alguien me comentó que estábamos rodeados de agua por todas partes, como toda buena isla que se precie. El agua, en estos momentos los bloques de hielo, que nos rodea es el río San Lorenzo.

Y, bueno, como hoy es San Valentín pues me dije, esta es la mía. Saco un post con corazón pero sin ser pastelón, así vale para los enamorados, los menos enamorados, los amigos y hasta los viajeros. Siempre que se puede es conveniente matar varios pájaros de un mismo tiro. Y aunque mi tendencia era a pensar que con eso del consumismo y las fiestas diseñadas para sacarte el dinero, San Valentín era más un engaña bobos que una forma de mostrar amor, hoy pienso que, como solemos dejarnos llevar por la rutina, como solemos dejar que el amor se degaste y como nos encanta dar por hecho que la otra persona sabe que la amamos sin necesidad de oírlo jamás de nuestra boca ni verlo nunca plamasdo en un acto por nuestra parte, pues si el consumismo vale para tomarnos un rato y tener un detalle con las personas a las que queremos, bienvenido sea.

Aunque no le compres una rosa, ni le envíes una tarjeta virtual, ni prepares una cena especial, ni te tomes un vino con él/ella, tómate hoy un momento del día y dale un abrazo o suéltale un "te quiero" a esa(s) persona(s) especial(es) en tu vida.