Paella con Guaraná Um restaurante de idéias. Entre e coma um texto quentinho... se preferir, peça pra viagem! Ah... a sobremesa é por sua conta! |
Sexta-feira, Outubro 21, 2005
Canadá y el humor. Después de ya tres años aquí y aplicando un poco de filosofía barata al asunto, me voy a lanzar y voy a decir que Canadá tiene dos efectos secundarios sobre el humor de quienes vivimos aquí, bueno, al menos de los que llegamos aquí de rebote. El primero es negativo. Llega esta época del año, el otoño (que a mí me parece lindísimo, la verdad) y la luz solar va cada vez a menos y a menos y las hojas en el suelo a más y a más y a uno el humor le hace chof. Un día, sin previo aviso, se levanta uno cansado, lento y melancólico y bueno, hay que tener cuidadín de la que depresión no ataque a la vuelta de una esquina o a la salida del metro. Porque aquí, el temor no es que te roben la cartera, si no que te secuestren la alegría, sin que nadie te diga nada y sin que te pidan rescate. A veces ni te das cuenta. Parece que Quebec tiene el segundo índice de suicidios más alto del mundo y, según me contaron ayer, en muchas residencias de estudiantes las ventanas no se abren del todo, para evitar que la gente salte. La cosa es seria. El segundo es positivo. La otra cara de la moneda. La amabilidad de la gente, la tranquilidad que se respira... que vienen y te endulzan el carácter. Va un ejemplo. Hace dos días casi le parto a alguien el morro con la puerta de la biblioteca. Tenía una conferencía en una uni que no conozco bien, salía corriendo, no vi nada ni a nadie y casi la lío. Así que pedí perdón casi que con la cabeza tocándome las rodillas y me encontré con una sonrisa de oreja a oreja por parte de la otra persona, no ha pasado nada y casi me da hasta un beso. En muchas ocasiones de esas en España me han pegao un grito que pa´ qué, nos hemos dicho cuatro palabras feas y se ha ido cada uno por su lado cabreao. Cinco minutos después, misma biblioteca, misma puerta, misma prisa... pero esta vez casi me parten el morro a mí. La persona que casi me lo parte, me pide perdon y yo... sonreí y me fui tranquila por mi lado, con el beneficio de haber ganado y regaldo dos sonrisas, que siempre va bien... Y con la cara entera, vaya alivio. Eso me gusta mucho de aquí... no hay estrés en la cola del autobús, nadie acusa a nadie de colarse, si te pisan, empujan, o lo que sea un simple perdón lo arregla todo. La gente en general tiende a pensar que los demás obran de buena fe y eso da mucha tranquilidad de espíritu, de veras. En España, no siempre me siento así. Pero bueno, igual es criticar por criticar. Decidme si me equivoco, que os sonrío virtualmente y borro este post. Sábado, Outubro 08, 2005
No es oro todo lo que reluce. Sin ánimo de criticar por criticar a los Estados Unidos, con miedo de generalizar en extremo y habiéndome casi olvidado de lo que pensaba del país de abajo antes de llegar a Canadá, voy a ver si dejo claro en unas líneas lo que creo que muchos saben con algún asomo de duda. Nos venden Estados Unidos como el mejor país del mundo, en donde vive la gente más guapa y más lista, con las casas más grandes, los coches más lujosos, la sonrisa profident...Y aunque decimos sospechar de tanta maravilla parece como si en el fondo, en el fondo nos preguntásemos "¿Será verdad?" Llegué a Canadá en un momento en el que los estadounidenses (paso de llamarlos americanos por motivos que para mí son obvios pero que aquí todo el mundo me discute) se habían propuesto, como en muchos otros momentos de la historia, SALVAR EL MUNDO, pero claro, a su manera. Encontré varios de ellos en mis clases de francés, los encontré a ellos y a su arrogancia y a su mirar por encima del hombro y a su mundo de fantasía en el que ellos son mejores y hacen todo muy bien. De eso tengo un ejemplo medio tonto que en su día me causó mucho ardor de estómago y supongo que saldrá a relucir por el blog alguna vez, si no me consigo un psicólogo a quien vomitárselo de aquí a poco. Pero no, no voy a hablar de la salvación del mundo a la estadounidense, voy a hablar de su visión blanco o negro y de cómo no consigo entender su extremismo y su paranoia. Qué me disculpen los que se escapan de este patrón. Viendo programas de su televisión, siendo invidadida por su noticias y preocupaciones contadas por ellos mismos, he llegado a la conclusión de que su vida se mueve siempre en una escala bicolor: algo es blanco y bueno o negro y malo. Y lo negro y malo tiene que ser erradicado de la forma más rápida y efectiva posible, sin pararse a pensar si hay algo que salvar en la escala de grises. Esta técnica la aplican incluso a la salud. En un país que se las da de modelo de primer mundo, en el sistema de salud impera la ley del más rico, sólo aquellos que tienen dinero logran sobrevivir. No me extenderé en cuan injusta me parece esta política. Pero aún así, aunque seas rico, creo que su sistema de salud, debido a la paranoia blanco-negro, deja mucho que desear. Vengo de una familia con historia de cáncer. Tres de mis cuatro abuelos han muerto de cáncer, varios de mis tíos han muerto o están operados y en recuperación. Procuro no pensar en eso, pero sé que las posibilidades de que un día me den la noticia de que el cáncer me ha atacado a alguna parte del cuerpo son altas y están ahí. De vez en cuando veo algunos programas, me informo. El que vi esta semana me dejó arrasada y Dios me libre de tener cáncer o de discutir de mi historial con un médico canadiense si aquí tienen la misma filosofía que mis vecinos. Si eres una mujer con precedentes familiares de cáncer de mama, te recomiendan una doble masectomía para prevenir. ¿Y eso es prevención? Te quitan los dos pechos, pasas por un dolor horrible, con un año de recuperación y si psicológicamente no levantas cabeza, porque obviamente muchas mujeres que pasan por eso no consiguen asimilarlo, te los reconstuyen con silicona (como si eso no tuviera riesgo alguno) y pasas otro añito de dolores insoportables. Ala, te jodes dos años de tu vida para que nunca te entre cáncer en el pecho... ojalá que no te ataque por otro lado. Así, sin más, pa´ prevenir. Vi un reportaje de dos mujeres que decidieron hacerlo y era escalofriante. Una quiere sus pechos de vuelta. Hace tres años que vive con depresión, no consigue recuperar la vida sexual con su marido y dice que, aunque le obsesionaba la idea de enfermar de cáncer un día, es mucho peor vivir mutilada. La otra, se operó tras una charla con su marido, pues él tenía miedo de perderla debido al cáncer y ella empezó a pensar, a medida que se acercaba una edad de riesgo, en el miedo que le daba pasar por quimioterapia y tener que combatir una enfermedad que muchas veces te vence. Cinco años después, está divorciada. El marido que no quería perderla no ha sabido qué hacer con una mujer sin pechos que ha perdido parte de su identidad. Una vez más, bendita prevención. Para mí, todo esto es un fruto más de esa paranoia que tienen que no sé bien cómo explicar. Sí, puede que sí, puede que sean un gran país, pero a mí dame mi ración de problemas diarios, tangibles, que pueda superar uno a uno, si es que los supero, y déjame de problemas fantasma, que me hacen comerme la cabeza de miedo, que me hacen crearme problemas reales cuando los combato, que me crean problemas que no tengo y nunca habría tenido. No sé, lo siento, no los entiendo.
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Tira-gostos:
Por onde andou meu coração Coisitas da Vivi Etcetera Tapas: Celtic Moon Kaperucita Negra Otros platos combinados: Além do Atlântico Brasil e reminiscências espanholas Montreal Tales Platos de ayer: Archivo |