Paella con Guaraná


Segunda-feira, Fevereiro 28, 2005

Mi modelito de ayer: "arreglá" pero informal.

Bajo nuestros pies, una alfombra verde (porque cada uno en su casa tiene la alfombra que quiere o puede), que ya desentonaba un poco, eso lo sé. Cervecita, palomitas y muchas ganas de criticar, jajajja. Que si mira cómo viene la René, demasiado delgada, con ese vestido que no deja ni andar... Que si cuanta joya tiene la Beyoncé pero que poquito que se le entiende el francés, que es lo que importa... jajajjaa. En fin, envidiuca de la sana, jajajajaja.

En eso, voy al baño en una pausa de la ceremonia y me veo en el espejo. Ay, Dios, mejor dejo de criticar los modelitos de nadie, que anda, si me enfocaran a mí... Pantalones de pijama azul de ositos panda, camiseta naranja y pelo recogido (tipo coleta después de dormir la siesta, que parecía que me había peinao el enemigo). No estoy ni para salir a la calle si suena la alarma de incendio (que ya nos ha pasao más de una vez, y últimamente la cosa por ahí está que arde). Por suerte, Guaraná estaba mostrando pierna que es lo que, a falta de escote, se debe hacer en estas ocasiones.

Pues nada, que decido callar y ver cómo no le dan el premio a Vigalondo y cómo sí se lo dan a Amenábar. Que mira que yo andaba con mis dudas, porque, hablando en serio, una película sin sexo y en la que el protagonista se muere bebiendo un vaso de agua, que ni un mal tiro, ni una escopeta, ni un ná... en Hollywood, pues no sé. Pero bueno, la cosa es que nos lo hemos llevado.

Y antes de darme ni cuenta, había pasado el domingo, y ya es lunes otra vez y la semana promete ser movidita. Alguien sabe dónde hay que reclamar cuando el fin de semana no te rinde?

Feliz lunes a todos.




Segunda-feira, Fevereiro 21, 2005

Un post sobre el tiempo.

Y no el atmosférico, que sigue como sigue porque todavía es invierno. Esta vez lo que me preocupa es el tiempo cronológico, ese que es oro. Especialmente la parte que pierdo cada día buscando las llaves. He intentado mil cosas. Dedicarles un lugar, justo en la entrada, en una valdita blanca donde dejamos el correo y que queda en diagonal con la puerta, pero a veces entro con ganas locas de ir al baño, y ni siquiera paso cerca de la valdita. Ponerlas siempre, siempre en el bolso, más bien la mochila de batalla, que llevo practicamente a todas partes y parece una parte más de mi cuerpo, pero suelo llegar con mucha hambre y posar la mochila en el suelo y seguir corriendo rumbo a la cocina con las llaves aún en la mano. He intentado el pantalón, la mesa de trabajo, la cesta de los ovillos de lana... Nada, no hay lugar perfecto para estas llaves, que cada día me esperan escondidas en donde les da la gana. Y cada vez que voy a salir hago gimnasia mental: recuerda, P, recuerda donde las pusiste, qué hiciste ayer al llegar a casa.

También tengo otra manera de perder el tiempo. Lo pierdo buscando el signo que abre las exclamaciones escritas en español. Este teclado está configurado para poder escribir en español, portugués y francés, pero las teclas llevan los signos típicos de los teclados ingleses. Así que muy bien, lo configuras y para cambiar de lengua y comienza la locura en la que ninguna tecla que no sea letra o número es lo que es. No he conseguido encontrar el signo de exclamación, el de empezar, el nuestro. Lleva dos años perdido. Al principio yo lo buscaba tímidamente, diez segunditos aquí, doce, allá. Un día pasé mucho, mucho tiempo. Cuestión de honor. Pero nada. No hubo suerte. Ni en los símbolos del word, ni en ningún lugar. Alguna vez he buscado en Google, y he hecho un corta y pega. Finalmente he decidido que es mejor confesar aquí y pedir vuestra ayuda. ¿Cómo píiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii hago para encontrarlo?

Pues nada, no os hago perder más el tiempo, por que seguro que vosotros también tenéis vuestras propias maneras de ocuparlo, ya sea el trabajo, los estudios, las llaves o alguna otra manera más original, como un signo de exclamación.

¿Quién más confiesa?




Domingo, Fevereiro 06, 2005

Cuando P lo sigue, lo consigue.

Hace ya mucho, mucho tiempo, en la ciudad donde casi siempre es invierno, la princesa P descubrió un hotel de hielo. Su mayor ilusión desde ese día (más o menos el 6 de diciembre del 2003) era ir a conocerlo. Pero la princesa no quería ir sola, así que siempre le preguntaba a G si iba a acompanarla. G contestaba que sí, naturalmente. Sabía muy bien que era conveniente no contradecir a las princesas. Con el tiempo, G. acabó desarrollando una gran habilidad para encontrar excusas y una tras otra, llegó el verano al país donde casi siempre es invierno, y el hotel de hielo se derritió.
Los árboles se vistieron de hojas, los campos, de flores. Hubo el festival de jazz. Y acabó el verano. En un abrir y cerrar de ojos, la cuidad volvió a cubrirse de nieve y con la nieve se pudo construir un nuevo hotel. Nadie sabe a ciencia cierta el verdadero motivo por el cual G cambió de parecer. Unos dicen que se le ablandó el corazón, otros piensan que se le acabaron las excusas. Lo cierto es que P y G han sido vistos recientemente paseándose por el Ice Absolute Bar.
Y colorín, colorado, este cuento se ha congelado.