Paella con Guaraná


Segunda-feira, Janeiro 31, 2005

La vida te da sorpresas.

Sorpresas te da la vida, que cantan por ahí. Y cuando esas sorpresas son buenas, mejor que mejor. ¿Pues no será que ayer me desayuné con la noticia de que un amigo de mi hermana está nominado a los Oscars? Me temo que este año me trago la ceremonia completa (y voy a tomar notas de modelitos para mi body, que aunque lo tengo muy escondido, tener tengo uno).

Pues nada, nada. A ver si entre Amenábar y Vigalondo nos llevamos el gato al agua. Suerte, suerte, suerte. Y aupa nuestro cine.




Sexta-feira, Janeiro 21, 2005

El imperio de los sin sentidos y post data para Kaperucita.

Esto no es Tokyo y yo no soy la protagonista de ninguna película erótica. Para erotismo bloguero y demás historias de dos rombos, yo prefiero recurrir a los expertos. Nadie como Kaperucita, la verdad. Pues lo dicho, que esto es Montreal y yo solo soy P y a 30 grados bajo cero uno no tiene imperio y los sentidos no le funcionan.

Este invierno no está siendo demasiado duro. Esta semana bajaron las temperaturas, no tanto como el año pasado, pero hasta hace unos días, el hombre del tiempo se permitía salir por la tele con su mejor sonrisa. Vamos, que el día que anunció que íbamos a estar como que a 5 positivos casí le tiraron cohetes a la salida del trabajo. Pero aún así, aún así yo me muero por que llegue la primavera. Y es que en estos días, uno se atrofia. Empiezas por subirte la bufanda hasta las pestañas de abajo y bajarte el gorro hasta la pestañas de arriba (perdón por la descripción pero es lo más gráfico que se me ocurre) y ahí te quedas parcialmente ciego. Eso sin mencionar que normalmente tienes que bajar la cara para que no entre nieve en los ojos y para mirar donde pisas. Ahí se me fue un sentido.

Hablando de gorros, cuanto mas gordos y grandes mejor. Y claro, cuanto más grandes y más gordos, más te tapan las orejas. Abuelita, abuelita, qué gorro tan grande tienes - le dice la niña al lobo en la versión de Caperucita Roja canadiense. Es para oír peor - responde el lobo, cuya voz, a través de la bufanda suena como la de una abuela. Y ahí se te va otro sentido.

Del tacto, olvídate. Si te pones los guantes, no tocas nada. Y si te los quitas y se te cogelan las manos, por mucho que toques, lo mismo te da. Ops, el tercer sentido que no te funciona.

El olfato, uf, el olfato. Claro que la nariz va bien tapadita y si no te la tapas, notas como al subirte el aire, se te congela entera por dentro (incluídos los pelitos, y no estoy de broma). Es como respirar aire sólido. Vaya sin sentido.

El gusto es lo único que no se altera mucho. Y es que el frío da un hambre horrible. Uno llega a casa y come, come, come. Más que comer, devora. Y devora tan rápido que el gusto sigue ahí, pero no se consigue saborear nada.

Pero hablando de gustos tengo que confesar que me gusta el paísaje en invierno, la ciudad que veo a través de la ventana. Me gusta, aunque quizá, tal y como andan mis sentidos, no consigo apreciarlo todo como debiera.

Post data para Kaperucita:
La verdad es que sé que ando con un problemilla de actualización de links. De links y de blog, para ser sinceros. Hay una razón. Quizá varias, pero la que más pesa es una. Deja que te cuente. Al principio Guaraná y yo creamos este blog. Él se encargaba de todos los detalles técnicos y sólo se podían hacer modificaciones desde su cuenta. En cierto modo, yo era su invitada en este blog. Después las cosas con su trabajo se complicaron y él ya tenía otro blog, así que poco a poco pasé de pinche de cocina a chef de honor de este restaurante. Y como él dejo de entrar en su cuenta, se la cancelaron, con lo cual no me es posible modificar nada del template. Hace días que le vengo dando vueltas a eso de Año Nuevo, Blog Nuevo. Vamos a ver.




Segunda-feira, Janeiro 10, 2005

La vuelta a ¿casa?.

Pues sí. Ya estoy aquí, que ya tocaba. Ando con el jet lag a cuestas y con pocas ganas de deshacer la maleta. Volver he vuelto, no sé si a casa. A estas alturas del juego creo que tengo tres: la de mi madre, que aún la siento un poco mía, la que dejé en Barcelona, donde aún tengo una habitación con todas mis cosas dentro y ésta de Montreal. Quizá donde más me he sentido en casa fue en Barna, el día que aterricé. Tuve la sensación de estar en el lugar al que pertenezco, aunque cada vez pertenezco menos a un solo lugar. ¿Y por qué Barcelona? (Porque no puedes verme, te diré que siempre que me hago esa pregunta me encojo de hombros).

Pues sí, sí. Volví. Y en la maleta me traje zapatos nuevos y un vestido, la receta de calamares en tinta de mi madre y cremas antiarrugas (regalo de mi hermana, que es muy sutil). En mi defensa, diré que no tengo arrugas a día de hoy y que si esos potingues funcionan seguiré arrugas-free hasta el 2009 por lo menos. También me traje el firme propósito de no hacer una lista de buenas intenciones para el año nuevo, porque son justo las cosas de esa lista las que nunca cumplo. Este año sólo voy a intentar lo que intenta todo el mundo, en invierno, verano, llueva o haga sol. Voy a intentar ser feliz como en uno de esos anuncios de compresas en los que a todas nos gusta ser mujer y en los que vas andando por la calle y te encuentras una tortuga y acabas en México y en los que intuyes que las nubes huelen a algo pero no sabes muy bien a qué. Porque digo yo, que si una mujer, en plena retención de líquidos, con dolor en los riñones (como mínimo), con las hormonas montadas en una montaña rusa, y teniendo que llevar pañalitos, es feliz, ¿cómo no lo voy a ser yo? Así que lo dicho, si lo que funciona es ponerse Evax o Ausonia, aquí estoy yo, con un cargamento de extraplanas para asegurarme la sonrisa los 365 días de este año. Y para los días de fiesta, con alas, que volar de vez en cuando es maravilloso.

Felices vuelos a todos en el 2005.