Paella con Guaraná Um restaurante de idéias. Entre e coma um texto quentinho... se preferir, peça pra viagem! Ah... a sobremesa é por sua conta! |
Sábado, Novembro 13, 2004
Mi propio conejito de chinas. A riesgo de parecer que estamos en la planta temática del Corte Inglés y por puras coincidencias de la vida, China sale de nuevo a relucir en uno de mis posts. Esta vez no se trata de ninguna lengua a punto de morir, aunque la cosa sí va de lenguas. Ni se trata de un regalito (como el pollo epiléptico de Níniel) de esos que te dan después de ponerte las botas en un restaurante chino, junto con el licor y la cuenta. Para ir al grano: no es un pájaro, no es un avión, es un super chino. Un super chino que va a hacer de conejito de indias para un experimento de mi clase de fonología. Bueno, en realidad hay quebequenses francófonos, hispanos, coreanos y chinos que se han ofrecido como voluntarios para que nosotros les ayudemos a mejorar su pronunciación en inglés. Por suerte (para el chino) lo hacemos en parejas, porque supongo que no hará falta decir que mi acento en inglés a veces es bastante pasable y a veces suena a inglés de Cuenca. Así que el próximo martes, quien sabe si a las 15:22, nos encontraremos para hacerle el test de diagnóstico y si todo va bien y el alumno presta atención en las clases y hace todos los ejercicios que le habremos diseñado, a partir de diciembre, cuando le oigan abrir la boca, dirán: No sé por qué pero este chino tiene un deje español... Yo por mi parte voy a hacer lo propio para que aprenda a decir: Whel is the sanglia? I want jamon selano. Y que sea lo que tenga que ser. Domingo, Novembro 07, 2004
¿Y 5 pasadas o y 10 van a dar? Mañana tengo un examen y quedé con una amiga para encontrarnos hoy y echarnos un cable. La llamé esta manana y le propuse que fuera ella la que eligiera la hora y el lugar. El lugar no importa, pero dejadme que os diga la hora que eligió... las 13:07. Estuve a punto de reírme pero finalmente sólo me quedé callada. Ella me preguntó si me pasaba algo y le contesté que simplemente esperaba que me dijera a y 5 ó a y 10 (que mucho mejor habría sido entre la una y la una y cuarto, pero no le vamos a pedir peras al olmo), y que me había dejado muda con tanta precisión. El viejo tópico de la impuntualidad latina y nuestra flexibilidad horaria salió a relucir. Ahhhhhhh, creo que me sorprendió tanto como a mis alumnos les sorprenden los conceptos van a dar y pasadas... que yo les tengo dicho que queda mucho más natural que y cuatro o y siete o todos esos números raros con los que me saltan a veces. Y me piden que les dé una regla exacta para elegir un concepto o el otro y yo me encojo de hombros y les digo que al final minuto más, minuto menos, ¿a quién le importa? Y minuto más que menos, yo que nunca llevo reloj, toqué el timbre de mi compañera a las 13 y 8 minutos según ella me informó. P.S.: Gracias, Toayita, por recordarme el otro día que a las 13:30 todavía es ese extraño momento del día en el que uno ya no sabe si decir buenos días o buenas tardes y que sí, que no lo soñé, que existe un lugar en este planeta en el que el mediodía no muere entre las 12:00:59 y las 12:01:00. Sexta-feira, Novembro 05, 2004
El niño de la oreja negra. Estaba en la estación de metro, justo a la salida. Con la mano izquierda agarraba la de su padre, con la derecha la de su madre. El padre era negro; la madre, mulata muy, muy clara. El niño tenía aquel color café con leche y no más de tres años. Como acababa de pasar Halloween pensé que aún andaba disfrazado, que llevaba una oreja postiza, negra, muy negra. Lo que me sorprendió es que parecía estar rodeada de pelo. El niño estaba de perfil y de repente se giró hacia donde yo estaba. Yo le miraba la oreja, ahora me siento culpable e indiscreta. Y mi vocecita interior me llama mal educada. Se giró y le vi la otra oreja, del mismo color que su cara, que sus manos. Y caí en la cuenta de que su oreja negra no tenía nada que ver con Halloween, sino con una terrible broma genética. La oreja izquierda parecía de su padre y la oreja derecha de su madre. Y el niño se giró, me miró y me sonrío y yo esta ahí, parada, procesando la información, cayendo en la cuenta... helada. Helada porque acaba de enterarme que Bush había ganado las elecciones, porque leí en el pronóstico del tiempo que dan nieve para mañana y helada porque vi un niño con una oreja negra y la pena que sentí de él me enfrió el corazón. Terça-feira, Novembro 02, 2004
No quieres cuento chino, pan y medio. O lo que es lo mismo, la versión del viejo No quieres té, taza y media, que me largaba mi madre de tanto en tanto, pero adaptada al tema de este post. Hace poco leí unas líneas sobre un tal pollo epiléptico en el blog de Níniel. El bicho en cuestión resultó ser un regalito que le dieron en un restaurante chino. Como me leí el post con hambre, me dio por pensar en ciertos platos de los que andan por sus menús y recordé mi primera experiencia en un restaurante chino en Canadá. El camarero aún se debe estar riendo de mí. Siempre que entro en un chino de cualquier ciudad de España me pongo morada básicamente de tres cosas: bambú con setas, sopa agripicante y PAN CHINO. A esto le podemos añadir cualquier otra cosita siempre que me desabroche, como mínimo, el primer botón del pantalón. Así que cuando entré en mi primer chino en Canadá, estaba dispuesta a dejarme sorprender en todo menos en el pan. Busca arriba y abajo en el menú y hasta que dí con la sopa, el bambú y las setas, pero del pan, ni rastro. Yo no le di importancia al detalle, al fin y al cabo lo del pan es tan básico que para qué molestarse en apuntarlo en ninguna parte. Llegó el camarero, me aclaré la garganta y en el mejor inglés del que era capaz pedí creo que unos calamares y CHINESE BREAD. El tipo se me quedó mirando con cara de quien no ha entendido nada y yo, erre que erre (o ele que ele), repetí en todos los tonos de voz y con todas las vocales que conozco lo del Chinese bread. Sólo me falto enseñarle una foto de la muralla china y otra de una bolsa de pan bimbo y hacerle una cómoda suma: muralla CHINA + PAN Bimbo = pan chino. Vamos, que más claro, el agua. El caso es que finalmente el hombre, que tengo que admitir que fue paciente conmigo, cayó en la cuenta y me dijo: No sé de qué me estás hablando. Ya no sé ni cómo conseguí explicarle que en España era de lo más popular y bla, bla, bla. Si aquel buen señor hubiera hablado español seguramente me habría dicho que en los restaurantes chinos de allá nos están engañando como a chinos o que eso del pan chino es un cuento chino. Luego, uno se pone a comparar y cae en la cuenta de que en los menús de allá hay platos adaptados al gusto del españolito medio y en los restaurantes de acá, a los del cualquier canadiense de a pie. Porque si lo del pan chino es una invención, no os digo nada de las alitas de pollo al ajo con miel, jajajjajaja. MMMMMMMMMMMMMMMMM. Oye, todo buenísimo. Pero es que nos está bien, por tener una lengua tan racista. Vete tú a saber si no llegó a sus oídos que estábamos venga a hablar de cuentos chinos y tal y nos quisieron dar una lección. Y colorín, colorado, este cuento (de la nacionalidad que sea), se ha acabado.
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Tira-gostos:
Por onde andou meu coração Coisitas da Vivi Etcetera Tapas: Celtic Moon Kaperucita Negra Otros platos combinados: Além do Atlântico Brasil e reminiscências espanholas Montreal Tales Platos de ayer: Archivo |