Paella con Guaraná


Segunda-feira, Maio 31, 2004

El resultado de la prueba en palabras de Rubén Darío..

La princesa está triste.. ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,

que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro;
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor..



¿No os hicieron aprender esta poesía en 5º de E.G.B.? Que tiempos aquellos, en los que todo lo que una tenía que memorizar era un poema de Ruben Darío, saltar con las amigas a la comba en el recreo y soñar con ser mayor. Ahora, muchas veces, sueño con volver atrás en el tiempo. La diferencia entre entonces y ahora es que sabía que "ser mayor" iba a llegar.

En fin, que no estoy aquí para pornerme nostálgica sino para anunciar solemnemente si soy princesa o no.

Digamos que los versos anteriores necesitan un par de ajustes. Por suerte, Ruben Darío nunca va a levantar la cabeza para ver como le destrozo la sonatina. Allá voy:

La princesa P está cansada... ¿Qué tendrá la princesa?. (Vosotros ya os lo imagináis, ¿no?)
Los bostezos se escapan de su boca de fresa,. (y otras frutas que no voy a detallar aquí)

que ha perdido la risa, que ha perdido el color.. (Para qué negarlo, a veces me pasa)
La princesa está pálida en su silla de oro;. (después de 7 meses de invierno, ¿a alguién le extraña?)
está mudo el teclado de su clave sonoro, . (¿aceptamos ordenador como instrumento con teclado?)
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.. (La que casi se desmaya de sueño soy yo y en el vaso a mí lado hay un poco de café que por el momento no me ha hecho efecto).

Pues así estamos. Tres horas dormí. Creo que no fue sólo por culpa del guisante, todo hay que reconocerlo pero, vamos, que no hay duda de que por mis venas corre sangre con un porcentaje (probablemente alto) de color azul. Por cierto, no hace falta que os andéis siempre con formalidades, que ya os digo, también tengo mi lado de camionero.

Advertencia:. Esta prueba puede causarle somnolencia. No la realice si al día siguiente tiene que trabajar. Los efectos secundarios están sin determinar.




Quinta-feira, Maio 27, 2004

Me voy a hacer la prueba del guisante.

Puede parecer irónico, pero la primera en llamarme "princesa" hace ya muchos, muchos años, fue mi madre. Digo que puede parecer irónico porque ahora, a la hora de describirme creo que me llamaría camionero antes que princesita. En ambos casos, exagera. Reconozco que de pequeña yo era muy fina, escrupulosa y demás, por lo que la mujer siempre me decía que yo tenía que haber nacido en casa del rey. La verdad es que no me veo de infanta Elena ni llamando a mi hijo diecisiete nombres de culebrón venezolano antes de darle las buenas noches. Así que supongo que nací donde me tocaba nacer.

Después (puede que me falle la memoria), creo que se le ocurrió a G, que me llama princesa y otros muchos nombres que empiezan por P (nótese Paella, Pequena, etc.). Y a partir de ahí, la lista no hace más que crecer y crecer. La cocinera filipina del post anterior, que hasta me regaló el collar de princesa. Puestos a imaginar me alegro de que no se decidiera por una corona de delfines rosas. Sus compañeros de cocina y últimamente hasta Zana.

Metidos en ambiente con lo de la boda real y tal, me pregunto si después de todo va a resultar que soy una princesa y yo sin saberlo. La verdad, si me entero a estas alturas, para según qué ya es un poco tarde. No es ningún secreto que se me ha adelantado la Leti. Pero digo yo que no es bueno quedarse con la duda.

Esta noche me agencio algún que otro colchón (lo siento, el mío no tiene plumas) y un guisante congelao y me hago la prueba de princesa. Si no pego ojo en toda la noche a partir de mañana tendréis que tratarme de Su Alteza P, que con la sangre azul no se juega.

Felices sueños, a los que podáis dormir. Os mantendré al tanto de las novedades.




Segunda-feira, Maio 24, 2004

El regalo más feo del mundo.

O para ser más exactos, el regalo más feo que me han hecho en la vida.

Ya recibí regalos preciosos. Por ejemplo, unos pendientes de colores fascinantes, bien diseñados, entre originales y clásicos, un tanto caros y muy, muy bonitos. Sólo conservo uno.

Ya me regalaron también viajes maravillosos de los que disfruté a tope y que ahora no son más que recuerdos. Como mucho, quedan de ellos algunas fotos que no sé por dónde andan y un par de historias que contar, pero por lo demás, todos los sentimientos que por aquel entonces tuve se van borrando, alejando en el tiempo y apenas puedo demostrar que todo aquello ocurrió.

Ya abrí paquetes que contenían cámaras de fotos, relojes, plumas, ropas "fashion" (y no tanto), regalos caros y baratos, comprados o hechos a medida... Ya me han dado en esta vida cosas maravillosas y desde aquí, y sin que ellos lo sepan, le doy las gracias a todos los que alguna vez me alegraron el día con un pequeño o gran detalle.

También recibí una vez (y creo que si me esfuerzo un poco hasta conseguiría recordar la fecha exacta), el regalo más feo del mundo. Fue hace más o menos dos años. Para ahorrar un poco de dinero empecé a trabajar en un restaurante con mucho estilo en el barrio gótico de Barcelona. La troupe la componíamos un par de bailarines, algún que otro diseñador gráfico, una socióloga, una pintora y yo, que además de servir espárragos y otros platos deliciosos servía de guía turístico y relaciones públicas, ya que el 90 % de nuestros clientes eran extranjeros.

Yo era la más pequeña en tamaño y en la cocina (donde todos eran de Filipinas) me mimaban mucho. Así que cuando una de las cocineras viajó a su país, a la vuelta me trajo como regalo un collar de princesa. Trajo collares para todo el mundo, a cada cual más bonito, todos de madera y bastante sencillos y elegantes. El mío me lo dio a parte, porque era especial. Cuando lo tuve en la mano casi me desmayo. Era de madera, como todos los demás, pero tenía también unos delfines rosas. Horror.

Como no, esa noche lo lucí bien lucido. No hubo cliente o clienta que no me mirara el cuello o el pecho (me quería creer yo), porque para una chica plana como una tabla de planchar, que le miren el pecho mientras piden un pato a la naranja, ya es una batalla ganada, aunque sea gracias a un delfín rosa. Estábamos en un restaurante con tanta personalidad y estilo, tan bien vestidas, que creo que nadie se podía creer que yo llevase aquello colgando y me jefe no me hubiera despedido todavía.

El resto de mis compañeros lo pasó en grande. Creo que yo también. Tanto que a pesar de haberme mudado de país dos veces desde entonces, todavía conservo mi collar de princesita... mientras que todos esos regalos maravillosos de los que os hablé al principio están... sabe Dios dónde.

Y es que, si la intención es lo que cuenta, aquella filipina me hizo el regalo más feo con la mejor intención y la verdad es que yo no me lo esperaba y me tocó el corazón. Desde aquí, a ella también le doy las gracias.

Y ahora, ¿quién me va a regalar un comentario?




Quinta-feira, Maio 20, 2004

Un post sobre Eternal Sunshine of the spotless mind, o de cómo hablar sobre una película sin desvelar grandes detalles.

Me gustó. Ya lo dije en mi post anterior. Hasta aquí, he conseguido hablar sobre la película sin revelar ningún detalle de esos que uno no debe saber antes de verla.

Me gustó porque trata como real algo que muchos hubiésemos querido hacer en algún momento de nuestras vidas y que, afortunada o desafortunadamente, no es posible. Cuando tienes una pena de amor, ¿no sería estupendo levantarse a la mañana siguiente y ni siquiera recordar que el causante de tus penas ha pasado por tu vida? Pues eso es el punto fuerte de esta película: un tratamiento médico para borrar recuerdos dolorosos.

Me gustó también por otra cosa que no os puedo contar. Quizá escriba sobre esa idea en otro momento... si lo cuento ahora, alguno se sube a un avión y me viene a visitar para coserme la boca y pegarme los dedos con super glue, por andar por ahí destripando finales.

Y que conste que, si soy tan considerada con los que todavía no han visto la película, es porque a mí me contaron el final de Seven (un desalmado me contó lo de la cabeza de la tía en una caja) en la época en que yo era super fan de Brad Pitt. De eso hace ya varios años y aún no he superado el trauma.

A final de cuentas, llegué a la misma conclusión a la que otros muchos han llegado antes que yo. Ser feliz es nuestra meta en la vida, pero sin todos esos momentos de tristeza que nos va tocando vivir por el camino, no sabríamos apreciar las cosas verdaderamente buenas. Y esa no es la moraleja de esta historia, pero también viene a cuento.

Me ha quedado un post un poco raro, ¿no? Ya dije que contaba con la colaboración de mis neuronas y creo que más de una y de dos están ahora mismo bebiendo coco helado en alguna playa de Hawaii.




Quarta-feira, Maio 19, 2004

Sin tiempo para nada.

Llevo unos días corre que te corre y sin tiempo para nada. Excepto para ir al cine. Ayer fui a ver la nueva de Jim Carrey, que no tiene mucho que ver con sus otras películas. Me gustó muuuuucho y hasta quiero hacer un post sobre ella (si mis neuronas colaboran un poco). Pero por ahora me conformo con saber cómo han traducido el título al español. ¿Alguien lo sabe? La duda me corroe desde que me tragué la última palomita.

En inglés es "Eternal sunshine of the spotless mind". Uf, ahora mismo no me atrevo a intentar averiguar lo que habrán puesto por allá. Pero me da que van a ser un tanto creativos.

En cuanto tenga un ratito empiezo con mi gira de visitas blogueras. Hasta entonce, un besote fresquito para cada uno.




Sexta-feira, Maio 14, 2004

Querido Sr. Cartero:



Últimamente, en los paquetes que envío a España siempre hay un par de cosas para la familia, una carta para mi mamá y un post-it para el cartero. ¿Qué por qué? Pues es el fruto de varias malas "experiencias postales".

Hace ya algunos años que vivo lejos de casa. Ya sea a 800 kms. o a 8000, a mi madre siempre le gusta mandarme algún paquete. Con el tiempo, yo también me he aficionado tanto a recibirlos como a enviarlos. Al principio lo hacíamos para sorprendernos. Ella me enviaba un paquete y en cada llamada semanal esperaba que yo le dijera que lo había recibido, que me había hecho mucha ilusión, etc... Al cabo de un mes sin que la niña mencionara el detalle, ella me preguntaba directamente y yo simplemente respondía: "¿De qué me hablas, mamá?

Sí, hemos perdido unas cuantas cosas por las oficinas de correos de media España y parte del extranjero. Incluso cuando ella, para asegurarse el tanto, me mandaba el paquete certificado.

Tengo que confesar que hace tiempo que no nos pasa, pero yo ahora me niego a quedarme con cara de idiota cuando, tres meses después, descubro que el regalo no ha llegado ni va a llegar. Como tampoco tengo muchas opciones, he decidido incluir una dedicatoria al cartero en mis envíos. Así por lo menos el tipo y su familia sabrán que no puedo hacer nada al respecto pero que ya imaginaba que mis cosas podían acabar en sus manos. Digo yo que les hará sentir un poquito culpables.

En fin, paranoias mías.

Buen fin de semana a todos, con lluvia o sol.




Terça-feira, Maio 11, 2004

Todo en esta vida tiene su explicación.

Me confieso culpable. Culpable de dejarme llevar a veces por las apariencias. De estar segura de una cosa simplemente porque tengo pruebas, porque lo he visto con mis ojos.

Pero a la vez, también me confieso víctima del mismo "crimen". Supongo que habré dicho o hecho más de una cosa que ha llevado a otras personas a creer algo erróneo sobre mí. No, no lo supongo. Lo sé.

Mi jefa, medio en serio medio en bromas, me acusó hoy de mentirosa. Me soltó en plan cómplice total y con un guiño: "Me alegro de haberte contratado a pesar de LA MENTIRA que me dijiste en la entrevista. Dudé un momento, es verdad, pero me pareciste una buena candidata para el puesto, así que la pasé por alto". Me quedé fría. Todos hemos exagerado alguna vez en una entrevista de trabajo pero de ahí a mentir... Os cuento lo que pasó y os dejo que me juzguéis también por las apariencias, ¿vale?

Ella vende cursos de idiomas y traducciones a las grandes empresas. Ha montando una compañía pequeña en su propia casa que está lejos del centro de Montreal, así que me citó en un café. Yo llegué la primera y me senté en la única mesa que había libre y que estaba en la zona de fumadores. Dejé colgado en la silla mi paraguas gris de Gold Coast, puse sobre la mesa mi bufanda de Nobel con los guantes a juego, me quedé puesto el bolso de Lucky Strike (con esta cabeza mía es mejor no despegárselo del cuerpo) y saqué mi bolígrafo de Marlboro junto con mi agenda. Una agenda preciosa de flores naranjas que no tiene nada que ver con ninguna marca de tabaco.

Después llegó ella y comentó que le molestaba el humo. Intentamos cambiarnos de mesa pero no pudo ser. Empezamos la entrevista, repasamos mi CV y bla, bla, bla. Sin venir a cuento, me preguntó si yo fumaba y respondí que no, sin el menor rastro de duda. Volvimos a retomar la entrevista y finalmente quedamos en que yo empezaría la semana siguiente.

Yo sabía por qué me preguntaba aquello pero no quise dar explicaciones. Sólo me limité a responder la verdad. Hoy, al contarme que le molestó la mentira que le conté con tal cara dura, me ha dicho: "Anda, no lo niegues, si hasta el pelo te olía a humo". Ya lo sé. Fumar en Canadá te da muy mala reputación, pero si pienso mentir no va a ser sobre algo tan tonto. Me he echado a reír y se lo he explicado todo.

Sí, el pelo me olía a humo porque acababa de salir de una clase privada con una fumadora empedernida. Seguramente también llevaba un montón de pelos de gato, pero mi alumna me pagaba muy bien y yo no era quien para prohibirle fumar en su propia casa.

Sí, toda yo era un anuncio publicitario de tabaco, pero es que acababa de volver de España, de casa de mi mamá (que me mima) que tiene un estanco y me había estado guardando toooodo y toooodo lo que le regalan los promotores de tabacalera. Normalmente son cosas que a mí no me hacen mucha gracia pero esta vez hasta lo encontré todo muy discreto y ponible.

Cuando uno es pequeño, cree todo lo que le dicen sus padres y su profesor y las verdades tienden a ser verdades absolutas. Tantas veces oí a mi profesora de lengua de 6º, 7º y 8º que... "Blanco y en botella, leche", que hasta hace bien poquito no lo había puesto en duda. Pero ya va siendo hora de que aprenda que ni todo lo blanco que viene es botella es leche, ni todo lo que vemos con nuestros ojos es tal y como nosotros lo percibimos ni le podemos negar a nadie que nos explique hasta lo más evidente. Puestos a imaginar, creo que hoy, hasta estaría dispuesta a aceptar un: "Cariño, no es lo que parece".




Sábado, Maio 08, 2004

Guía (kamasutra) de la depilación.

A veces nos creemos que tenemos muchos pequeños y grandes problemas. Pero si nos ponemos a buscar el por qué, acabamos descubriendo que la mayoría de ellos pueden agruparse bajo un mismo nombre: síndrome del bosillo roto, de la cuenta al borde de los números rojos, etc.

Con el sol brillando ya en el cielo de Montreal, llega el momento de plantearse desempolvar las falditas que hay en el fondo del armario. Y ahí surgió mi problema de la depilación, que en realidad es un problema de dólares. Y es que te cobran tanto y tanto que yo me quedo con ganas de pasarme la sesión con las manos en alto. De hecho, mi cabeza no para de decirme: Esto es un atraco.

Si la depilación en un salón de belleza te parece un robo, siempre tienes la opción bastante más barata de comprar las tiras esas de cera fría y torturarte tú misma en tu propia casa. Y ahí es donde podemos apreciar, como en otros pequeños detalles, que el dinero no da la felicidad pero te hace la vida mucho más fácil. Ya lo sé, el dolor de que te arranquen el pelo no te lo quita nadie, ni aunque seas la reina de Inglaterra y pagues con diamantes, pero es que a mí, después de autodepilarme, me duele todo. En las instrucciones que te dan con la cera deberían avisar que la depilación puede producir torticulis, tirones musculares y hasta, en ciertas edades, lumbago. Atención: no dejar al alcance de las personas que no están en buena forma física.

Así que ayer, me armé de cera y de valor, me despeloté en el salón de mi casa y comencé a depilarme entre ay y ay, soplo y soplo. Empecé por las zonas más fáciles y a medida que iba avanzando, las posturas se iban haciendo más complicadas. Sólo me faltó poner los pies detrás de las orejas. Seguro que es una buena manera de llegar a zonas de difícil depilación, pero eso siempre va a ser un misterio para mí. Y me dije que me vendría bien echarle una ojeadita al kamasutra. Cualquiera que pudiera verme por la ventana seguro que no tenía duda de que estaba ensayando para alguna peli porno.

Posturas recomendadas para la depilación de este mes: el trapecio, la catapulta y el cangrejo.

Se aceptan sugerencias para el mes que viene.




Quinta-feira, Maio 06, 2004

Lluna plena en dilluns, ventura a munts.

Luna llena en lunes, suerte a montones.

Lo leí en el blog de ruru y me di cuenta de que hace tiempo que no miro la luna. Con lo bonita que es. Llena o no. A ver si esta noche no se me olvida echarle un vistazo al cielo. Claro que no es lunes. Pero como le dije a ella en un comentario, si tener la cabeza en la luna llena en lunes, cuenta, yo estoy a punto de tener un golpe de suerte.

Bueno, hora de poner lo pies en tierra, tomarse un buen café y TRABAJAR. Que paséis todos un gran día.




Quarta-feira, Maio 05, 2004

Consejos vendo y para mí no tengo.

Si vinieras a mí y me dijeras que te arrepientes de algunas decisiones que has tomado en el pasado, que piensas que deberías haber seguido un camino diferente y que tienes miedo de lo que te depara el futuro, yo te aconsejaría que aprovecharas el presente. Que vivieras cada minuto siendo tan feliz como te fuera posible. Te invitaría a contarme tu historia y, desde la seguridad y la objetividad que te da el ser el espectador de la vida de otra persona, buscaría todas aquellas cosas buenas que hacen que todo tu dolor presente merezca la pena. No hay mal que por bien no venga.

Te pediría que me hablaras también de tus proyectos. Te pintaría un camino bajo cielos azules y a veces grises pero nunca negros. Amenazando tormenta aquí y allá, muy soleados de vez en cuando, pero sin diluvio universal de por medio, ya me entiendes. Todo eso si tú vinieras a mí sin una sonrisa en los labios y con lágrimas en los ojos.

Pero si fuera yo la que fuera a tí... ahí la historia cambia. Ahí pasamos de la teoría a la práctica y no sé si estoy para predicar con el ejemplo. Tomé algunas decisiones que ahora no me parecen tan maravillosas y no me digas que ellas me han traido hasta aquí, ya lo sé. Es que no quiero estar aquí ahora. Y sí, es verdad, en septiembre se van a cumplir dos de los tres proyectos que yo tenía en mente cuando vine a Canadá. Pero eso es el futuro y me parece muy lejos y me da miedo que sea un sueño convertido en pesadilla.

Podrías decirme que dos de tres no está nada mal. Pero ese tercero me está doliendo en el alma. Y este presente me parece muy feo. Y hay días en los que las fuerzas se me acaban nada más salir de la cama.

Puedes venderme un consejo pero con derecho a devolución, por favor. Si lo pruebo y no funciona, me pasaré por tu blog para pedir que me lo cambies.

Y, tú, no hagas como yo y disfruta mucho de tu presente.




Domingo, Maio 02, 2004

Sobre sueños cumplidos y promesas por cumplir.

Esta es la historia de un sueño que nació de un curso de francés. Su infancia fue un montón de cartas con remitente en Macapá y destinatario en algún lugar de Francia y viceversa. En la adolescencia, se convirtió en email. Y de email pasó a ser un billete de avión. Y al bajar del avión el sueño se hizo realidad. Algunos dicen que, como todo sueño realizado, murió para dar paso a otros nuevos. Eso yo no lo sé a ciencia cierta, porque el sueño del que hablo no es mío.

La historia de ese sueño llegó a mis manos en forma de libro allá por el mes de febrero. G. y yo habíamos conocido a la autora en el mundo de los blogs y participamos de su gincana virtual. Ganamos França: um sonho de viagem, las 45 crónicas que cuentan cómo finalmente Vânia conoció Francia. Tardé mucho tiempo en empezar a leerlo (discúlpame Vânia, no fue por falta de ganas) y en ese tiempo me formé en la cabeza ideas de lo que ella podía haber vivido en su viaje. Estaba segura de que iban a ser crónicas rosas, rosísimas, llenas de felicidad desde el título hasta el punto final, sin una decepción, ni un asomo de tristeza, ni una lágrima... Sin nada más que vino y rosas.

Me equivoqué. Leer el libro me recordó que los sueños cumplidos de los demás son como los míos. Que a fuerza de planearlos, desearlos y soñarlos despierto durante muchas horas al día durante muchos días, uno crea los sueños a su medida y deja de lado los pequeños (GRANDES) detalles y sorpresas que la vida real trae consigo. Que pensábamos que estaba todo previsto, pero hay cosas que nadie puede prever. Y que el paso del sueño a la realidad es un camino en el que la satisfacción y las frustraciones van cogidas de la mano.

Para los que se hayan quedado con la miel en la boca, el libro puede ser encargado vía internet. Está escrito en francés y portugués. El enlace para el blog de Vânia está aquí al lado (Por onde andou...).

Y ahora, la promesa por cumplir. Esa sí que es mía. Le debo a Vânia una foto con una camiseta talla P (muy apropiada :) ) y poner el sello del libro aquí en el blog. Sigue pendiente, pero seguro que llega.